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177La Osa y sus crías

posteado por Mrs. Morrison el 4 Mayo, 2008

 

Foto: Internet

Hace algunas semanas leí un artículo de una periodista del New York Sun, Lenore Skenazy,  en la que relataba la aventura vivida por  su hijo de 9 años, a quien dejó en el centro de Nueva York para que volviese solo a casa. Con ello, quería demostrar que la sobreprotección parental llega a límites tan extremos que en lugar de proteger y educar sólo se consigue potenciar la debilidad infantil.

El artículo en cuestión lo pueden leer aquí, www.nysun.com/editorials/why-i-let-my-9-year-old-ride-subway-alone. De todos modos, a continuación pueden echarle un vistazo a la traducción.

Antes quería indicar que estoy totalmente de acuerdo. Con dejar que los niños se críen bajo las faldas de la madre, sólo se consigue crear personalidades débiles, llenas de miedos y temores e incapaces de ser autosuficientes. Pero, con lo que no estoy de acuerdo, es que para llegar a esta conclusión, sea necesario dejar que un niño viva la experiencia objeto del artículo. Creo que los niños han de superar varios niveles de madurez por sí mismos, y eso implica que las experiencias han de ser más grandes a medida que el niño se haga más grande.

 ¿Nueva York no es tan segura como lo era en 1963? Tampoco es como si viviéramos en Bagdad.

El caso es que mi hijo ha estado semanas rogándome que por favor le dejase ir a cualquier sitio, adonde fuera, y le dejase arreglárselas para volver a casa él solito. Así que un soleado domingo le di un mapa del metro, un bono de viajes, un billete de 20 dólares y algo de calderilla, por si necesitaba llamar por teléfono.

No, no le dejé un teléfono móvil. No quería que lo perdiera. Y no, no lo estuve siguiendo, como una mamá detective. Confié en que fuera capaz de averiguar que tenía tomar el metro de Lexintong Avenue, y el autobús de la calle 34 hasta casa. Si no fuera capaz de hacerlo, confié en que le preguntaría a algún extraño. E incluso confié en que el extraño no pensara: «Hombre, estaba a punto de coger el metro para irme a casa, pero creo que en lugar de eso voy a secuestrar a este adorable chavalín.»

En pocas palabras, mi hijo regresó a casa extasiado de independencia.

En muchas palabras, para empezar: la mitad de la gente a la que le he contado esta historia quiere demandarme por maltrato a un menor. Como si encerrar a los niños bajo llave y ponerles un casco y darles un teléfono móvil fuese la forma correcta de criar a un niño. Pues no lo es. Eso es debilitarlo, a él y a nosotros.

 

 

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